El refugiado sale de Madrid, a Valencia va encaminado,
allí deja su hogar, yermo y desheredado.
Con lágrimas en los ojos muy fuertemente llorando
la cabeza volvía y quedábase mirando.
La desesperación golpea mi pecho
al pensar que no viviremos bajo el mismo techo.
No hay distancia ni mar por delante
que pueda romper mi sueño, esperanza y buen talante.
No habrá lugar donde no podamos ir
en el que todos juntos podamos vivir.
Sé que me espera un incierto futuro
donde nada será fácil sino terrible y duro.
El viaje a Valencia es mi único pensamiento
mi cabeza es un caos repleta de sentimientos.
Cargada va mi maleta
de penas, recuerdos y libros
al este señala la veleta,
oigo de los pájaros su trino.
Mi madre y mi hermano me acompañan
en esta desesperante travesía.
En un bus repleto de gente
que no pierde la alegría.
El miedo a ser descubiertos
permanece en mi cabeza
tenemos que ser audaces
y actuar con destreza.
A Valencia hemos llegado
los sesenta refugiados
con un poco de esperanza
en nuestros rostros cansados.
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